ODIO A LOS BORRACHOS.

Yo odio a los borrachos, sobre todo los odio cuando yo no estoy borracho, porque cuando yo estoy borracho son simpatiquísimos.
Los borrachos, sobre todo en las fiestas, se vuelven asquerosamente sentimentales, insoportablemente estúpidos, y patéticamente sociables.
Cuando el borracho te dice que eres su hermano, te abraza y te da un beso en la mejilla, tanta confianza da asco ¿no? Pero cuando empieza a tener hipos y pone cara de que está mareado, lo que te da asco es la posibilidad de que pueda vomitarse encima de tu hombro.
Y no hay nada peor que el vomito de un borracho. Es un vomito sin sustancia, sin cuerpo. Claro, como lo único sólido que ha consumido el borracho en las últimas horas son los cacahuates de la botana, una que otra papa y, en un descuido, hasta las colillas del cenicero, el resultado es una mezcla bastante desabrida. Pero es peor si lo que han estado tomando es rompope. Es tan parecido al color del vomito que corren el riesgo de volvérselo a tomar.
Pero el borracho más insoportable de todos es el clásico que insiste en que tú también te pongas una borrachera de miedo. Es el clásico que se la pasa toda la noche diciendo cosas como: “no, no, no, pa’ mí que el compadre está fichando” o “inchi compadre, te veo desarmado” o “no sea puñal, ésta te la tomas conmigo” o “¿qué no te deja chupar tu mujer?“.
Otro que también es insoportable es el borracho que, a pesar de que apenas acaba de conocerte, ya piensa que eres su cuate y entonces se te cuelga del brazo, se te recarga en el hombro, y te la pasas toda la reunión como pirata con perico… nomás que el perico pesa como 73 kilos.
No falta el que te dice cosas como: “compadre, yo a ti te respeto, pero a tu hermana, a tu hermana como que le faltan nachas, en serio compadre, tú eres mi brother, pero a tu hermana, a tu hermana como que le faltan chichis, no, de veras compadre, tú eres un hombre de verdad, pero tu hermana, tu hermana parece más hombre que tú”. Yo sé que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, pero… ¿mi hermana qué culpa tiene?. Eso sí, a las dos horas se te acercan, te arriman el camarón, y cuando les dices: “oye, ¿qué te pasa?”, te dicen: “perdón, compadre, pensé que eras tu hermana”.
Otro defecto que tienen los borrachos es que van a cada rato al baño. Cuando la fiesta es en su casa no hay problema, pero cuando es en la tuya es una pesadilla. Terminan tan borrachos que cuando van al baño, se orinan en el lavabo, se lavan las manos en el inodoro, y se secan las manos con la falda de la señora que estaba orinando cuando entraron.
Pero lo que más detesto de los borrachos es su mala memoria. Todo se les olvida. Al otro día no se acuerdan de que se comieron las colillas del cenicero, que se vomitaron en tu hombro, que usaron la falda de una señora como toalla y que le faltaron al respeto a tu hermana. Y nueve meses después, cuando tu hermana está a punto de tener un hijo suyo, los borrachos insisten en no acordarse de nada, pero eso sí, cuando van a ver al bebé dicen: “Compadre, yo a ti te respeto, pero a tu sobrino… como que le faltan nachas ¿no?”.
Publicado por: Venado de Viento.
Fotografía de: patricioseguel
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