El Complot

YO ODIO A LOS COMPADRES… PREFIERO MIL VECES A MI MANO.

Compadres.
1.- Yo odio a los compadres, no sirven para nada. Jamás he oído de un compadre que se haya quitado el pan de la boca para alimentar a su compadre, nunca he oído de un compadre que le haya cedido un riñón a otro compadre, jamás he sabido de un compadre que haya matado a alguien por su compadre. No, señores, porque un compadre sirve nomás para chacotear y para emborracharse. Ah, claro, y también sirve para poner “cuatros”… si no pregúntenle a Paco Stanley qué tal le fue con su compadre Mayito.

2.- Yo me pregunto: el asunto ese de convertirse en padrino de un chamaco… ¿a quién se le ocurrió inventarlo? ¿para qué sirve un padrino? ¿para aventar el bolo el día del bautismo? ¿para darle su domingo al ahijado? Yo tuve un padrino que el día de mi bautismo llegó hasta las chanclas y el único bolo que aventó fue el bolo alimenticio… porque vomitó en el jardín. Después, cuando crecí, siempre esperaba con ansias el domingo para que llegara mi padrino a darme mi “domingo”. Pero mi padrino jamás volvió a aparecerse en domingo por la casa. Eso sí, los viernes por la noche aparecía como relojito para echar la ficha o el pokarito con el compadre, osea, con mi papá. Tomando en cuenta este fenómeno, y para hacer más felices a los ahijados, yo creo que los padrinos, en lugar de dar “domingo”, deberían dar “viernes en la noche” o “sábado en la madrugada”.

3.- Pero ser padrino de un chamaco no es la única forma de convertirse en compadre de alguien. Uno también puede convertirse en compadre de otro individuo con tan sólo echarse una borrachera de miedo con él. A las tres de la mañana y después de media botella de tequila… todos son compadres.

4.- En resumen, el compadrazgo es una relación de parentesco completamente inútil. Uno no lleva la misma sangre que el compadre, el compadre no tiene nuestra misma nariz ni nuestra misma propensión a quedarnos calvos. Tampoco se firma un contrato en el cual se establezcan claramente las condiciones para ser compadre. Ser compadre es tan trascendental como ser “cuate” de Chabelo, o “amiguito” de Tatiana.

5.- ¿Por qué creen que a nuestros mejores amigos no se les dice compadre, se les dice “mano”? ¿qué pasó, mano? ¿qué onda, mano? ¿quihúbole, mano? Claro, porque una mano es más útil que un compadre. Incluso preferiría que fuera mi mano quien bautizara a mi hijo.

6.- Sí, ya sé que a un compadre no hay que cortarle las uñas, ni hacerle manicure, ni lavarlo después de ir al baño y antes de cada comida, pero por lo menos mi mano siempre está ahí cuando la necesito.

7.- Un compadre, por ejemplo, jamás te rascará los kiwis cuando te acabas de despertar, tampoco te saca los mocos, ni te sacude el “aquellito” después de echarte una firma, y tampoco es capaz de limpiarte cuando terminas de hacer del dos. En cambio mi mano hace todo eso y más.

8.- Por ejemplo, cuando ando bien urgidote, mi mano no se anda con miramientos y me hace el “favorcito” sin protestar. No puedo imaginarme a un compadre haciéndome un “favorcito”… a menos que mi compadre sea Juan Gabriel o Walter Mercado.

9.- Además, con mi mano puedo compartir casi todo lo que tengo sin problemas. Mi mano puede ponerse mi reloj, manejar mi coche, usar mi teléfono celular, y si quiere agarrarle las “bubbies” a mi novia, yo encantado, ni siquiera tiene que pedirme permiso, pero ya quisiera ver a mi compadre haciendo lo mismo. Le parto su madre.

Publicado por Venado de Viento.

Fotografía de: gus_cab

UTC5UTCMon, 26 May 2008 08:27:56 +00002008 4,2007 Publicado por Frederic | Literatura | | Aún no hay comentarios